Ayer hice una clase en vivo y terminé muy contenta. Cada sábado me conecto y me reconecto con el placer de enseñar. Y ver que, de a poco, se van sumando más personas a esto que tanto disfruto hacer me llena.
Pero también pensé en lo lindo que es que haya alguien del otro lado para compartirle algo, y enseguida me acordé de una escena de hace unos ocho años que con mi hermana seguimos recordando hasta hoy.
Fue en Londres. Tomábamos un colectivo de madrugada, desde la terminal hasta el aeropuerto. El colectivo estaba prácticamente vacío. En total éramos cinco personas: nosotras dos, otras dos chicas y un chico.
Antes de subir, mientras hacíamos la filita para entrar, el chofer se fue acercando para pedirnos los boletos y nos preguntó a cada uno a qué aeropuerto íbamos y a qué hora teníamos el vuelo. Hasta ahí, todo normal.
Nos subimos y nos sentamos detrás de él. El resto se dispersó hacia el fondo.
Arrancó, se puso el auricular con micrófono y empezó a presentarse, a darnos los buenos días y a tranquilizarnos, diciéndonos que cada uno iba a llegar a horario a su destino porque las chicas estaban más ajustadas de tiempo.
Cuando empezó a hablar con tanto énfasis, y viendo a nuestro alrededor tantos asientos vacíos, el primer reflejo con mi hermana fue mirarnos de reojo como diciéndonos: “¿A quién le habla?”. Porque sí: actuaba como si el colectivo estuviese lleno, como si fuese el gran viaje de su vida.
A medida que avanzábamos, nos iba diciendo cuánto faltaba, cómo veníamos con los tiempos, y cada tanto repetía algo así como: “tranquilos, vamos a llegar bien”.
Lo llamativo es que no lo hacía porque alguien se lo estuviera reclamando.
Las otras chicas iban sentadas atrás, el chico también. No sé siquiera si le respondían con una seña o si lo escuchaban del todo. Pero él igual seguía ahí, dentro de su papel, atento, amable, sonriente… sosteniendo esa manera de hacer las cosas bien aunque fuéramos apenas cinco y sólo dos le estuviéramos haciendo caso.
Incluso nos preguntaba si la calefacción estaba ok, si la música nos gustaba y, hasta nos fue mostrando y contando historias de los barrios industriales de las afueras de Londres.
Éramos muy pocos.
Y, sin embargo, él hizo su trabajo como si cada persona importara.
Supongo que él ni siquiera es consciente de que, ocho años después, al menos dos de sus cinco pasajeros de un día cualquiera, seguimos recordando con una sonrisa la manera de hacer su trabajo.
Y pienso que, justamente por eso, nos quedó como una lección. Porque si hubiese hecho lo mínimo, probablemente ese viaje hubiese pasado sin pena ni gloria.
Porque con el tiempo, y también con el crecimiento de las redes, muchas veces da la sensación de que todo se reduce a números: cuántos likes, cuántas personas se conectan, cuántas comparten, cuántas comentan, cuántas más.
Y cada vez que aparece esa lógica, con mi hermana nos decimos lo mismo:
acordate de ese colectivero de Londres.
Acordate de alguien que no esperó una multitud para dar lo mejor.
Acordate de alguien que no hizo una versión reducida de sí mismo porque había poca gente.
Acordate de alguien que entendió que cinco personas también merecían presencia, dedicación y cuidado.
No sé bien por qué a veces nos obsesionan tanto los números como para olvidarnos de que detrás de ellos hay personas reales.
Pero sí sé que algunas de las experiencias más memorables no tienen que ver con la cantidad, sino con cómo alguien te hace sentir.
Y yo creo que eso vale para todo.
Para una clase.
Para un trabajo.
Para una conversación.
Para una carta.
Dar lo mejor para una sola persona no es poco.
A veces, en realidad, ahí está lo más valioso de todo.
Te mando un abrazo y espero que tengas un lindo domingo.
Y si algún día te sentís frustrado pensando en los números,
acordate del colectivero de Londres.
Con cariño,
Viole 🌿
Recibí la Carta Semanal del Taller totalmente GRATUITA a tu mail
Al suscribirte, aceptás recibir La Carta Semanal de Taller Cardamomo y, ocasionalmente, emails con novedades, lanzamientos y promociones del taller. Podés darte de baja en cualquier momento. Más información en la Política de Privacidad.